No te voy a mentir: me está costando volver a escribir.

Las excusas las tengo para panfletear: primero fue la mudanza, luego nacimiento de Lucas, puerperio (bueno, me había dado 3 meses de autolicencia también), mis papás que vinieron a ayudarnos… luego vino la cuarentena, mis papás que no pudieron regresar por la pandemia, crisis de crecimiento Lucas, estar sin escritorio porque mis papás están durmiendo en ese cuarto, cansancio, etc.

Yo, de estar acostumbrada a tener un escritorio, silencio en casa, tiempo para escribir en las mañanas; he pasado ha básicamente la antítesis: escribiendo desde mi cama, a las 9:25pm, con el sonido del monitor a mi costado

Y, para ponerle la cereza al pastel: mi laptop no funciona hace meses. Estoy con una antigua que tiene la pantalla malograda que si me quedo mucho tiempo, me duele la vista.

Te cuento con todo esto porque necesitaba comenzar a escribir.

A calentar antes de entrar al asunto que estoy que quiero tocar hace meses y para animarnos, tu y yo, a de verdad ser cada una, una misma con sus circunstancias, porque si yo no las salvo a ellas, ellas no me salvarán.

Tal como decía Ortega y Gasset.

Tengo unas ganas de compartirte tanto y creo que por un tiempo me vas a tener que aguantar que sea así: texto editado una sola vez, eventualmente fotos más adelante, algunos errores gramaticales y por ahí -para no perder la costumbre- una que otra palabra en portugués.

Así que: paciencia es el nombre del juego que te prometo que va a valer tu tiempo.

No sé como, pero estoy segura que lo que pueda ir dejando grabado aquí ahora y como puedo, te va a ir ayudando en este momento sea en la circunstancia que te encuentres.

El tema que quiero tocar hace meses: cómo el cuidado de mi belleza personal ha traído mejoras tangibles en mi día a día.

Para que quede súper claro, te hablo de la belleza estética: De maquillarme, ponerme ropa bonita a pesar de estar en casa y no ver a nadie más que a Bento (mi perro), usar zapatos y no Havaianas.

Desde que quedé embarazada me hice este propósito: maquillarme todos los días.

Cosa que hacía con cierta regularidad antes. La diferencia ahora era el propósito por el que lo haría: maquillarme como un acto de amor al prójimo.

Esto, mi querida lectora, hizo TODA la diferencia.

Verás, desde antes de salir embarazada comencé a, radicalmente, cuidar con qué alimentaba mi cerebro.

Drásticamente comencé a cuidar lo que veía y escuchaba.

Poco a poco me fui rodeando de buen alimento para mi intelecto y para el alma.

Fue así que llegué a @belezacura perfil de una profesional que llevó a otro nivel el cuidado de la belleza.

Ella y su “cuidar de la belleza es un acto de amor al prójimo”, entró por mi oído, llegó a mi cerebro -que no lo entendió- y mandó el enunciado a que sea guardado en mi corazón. Mi intuición me dio el aval de escuchar para ejecutar y mi madurez se impuso para que preste atención sin juzgar.

Así que, sin saber explicarlo, decidí maquillarme todos los días estando embarazada y sabiendo que iba a estar más cansada de lo normal, que iba a sentir más cambios y todo lo que ya hemos oído sobre embarazos.

Había comenzado a maquillarme por compromiso propio y ya no con el propósito de simplemente verme bien, de sentirme bien, de que me vean bien.

Sino por mi prójimo, enunciado que todavía no entendía, pero que tenía fe que haciéndolo lo llegaría a comprender.

Y poco a poco comenzó la transformación
Todos los días, de lunes a domingo (claro, ni lo digas, hubieron sus excepciones), fielmente me veías maquillándome.

Concordarás conmigo que, al verte maquillada, linda frente al espejo; casi espontáneamente te dan ganas de ponerte unos aretes que vayan bien o un collar, un accesorio que tenías olvidado.

Tienes más ánimo para arreglarte el cabello y, sin pensarlo mucho, búscas una ropa cómoda pero también a la altura de lo bonita que estás.

Mira nada más cuántos pájaros de un tiro ya agarramos ahí!

Poco a poco me comencé a dar cuenta que, al verme bien y naturalmente vestirme bien para mi prójimo que en mi cotidiano es mi esposo, mis suegros, mis amigas, mis vecinos, etc.; Al vestirme y maquillarme pensando en ellos lo que estaba haciendo era comunicar con mi persona cuánto los respeto, reconozco que están ahí.

En otras palabras, cuanto los reconozco como personas dignas.

Y sí, esto incluye a desconocidos

El cambio siguió dándose como una cadena natural de: al verme bien bajo el propósito correcto, comencé a querer expresarme mejor, buscar hablar mejor, leer cosas bellas.

Sentí que estaba más atenta a lo bello por yo misma cuidar mi belleza, no por vanidad, sino por amor. Y más sensible hacia lo feo, a lo que degrada la belleza y a lo que carece de belleza.

Me comencé a dar cuenta que vestirme con ánimo de belleza, realmente es un acto de amor al prójimo.

Porque el amor es entrega, es sacrificio (aunque a algunos no quieran aceptar esta dimensión del amor), el amor es acogedor, el amor es capaz de transformar.

A través del cuidado de mi propia belleza sentía más y más ganas de llenarme de lo bello y Verdadero.

La belleza llamó a la virtud el orden

Si hacemos una simple observación de la belleza que está en la naturaleza, la belleza en un atardecer, por ejemplo; vemos que esta tiene un orden: un orden en la secuencia de eventos hasta llegar a la puesta del sol, orden de los colores según la época del año, orden cósmico, etc.

El orden está escrito en la belleza. No hay belleza sin orden.

Fue notorio cómo al cuidar mi belleza, comencé a buscar el orden y a preservar el orden.

Porque a estas alturas ordenar puede ser fácil, mantener el orden es lo difícil.

Pues, comencé a preservar el orden y, al preservarlo mi mente comenzó a tener espacio para buenos pensamientos. O, mejor dicho, para bellos pensamientos.

Te das cuenta de lo que sucedió?

Al ver el orden externo, comenzó a haber un orden interno también.

Y del orden fui llegando al activo más preciado: la atención

De prestar atención, de estar realmente instalada en mi realidad y de entender a qué darle mi atención.

Ahora que tenía mis pensamientos en orden, pude ver todo más claro y darle mi atención a lo que es importante.

Era un ver con otros ojos.

Creo que uno de los villanos de nuestros tiempos es este: que no tenemos atención.

Que nuestra atención está enterrada en el desorden interno que se manifiesta en nuestro desorden externo en nuestro propio cuarto, en querer hacerlo todo y no acabar nada.

Con desorden no hay belleza, y si no hay belleza no hay camino hacia lo bueno porque al final de cuentas no hay paz. En la paz está la belleza.

Sino, piensa en uno de los paisajes más preciosos que hayas visto y lo que sentiste al mirarlo.

Poner en práctica una acción tan simple y tildada de meramente banal y de vanidad como usar maquillaje todos los días; me ha hecho -me hace, mejor dicho- crecer en virtud justo cuando más lo necesito.

Te animo a que hagas lo mismo, a que cuides de tu belleza como un acto de amor al prójimo y a que me cuentes cómo te fue de aquí a un par de meses.

Te mando un abrazo!

Y me encanta que hayas leído hasta aquí. Abajo tienes los comentarios para seguir conversando que me va a encantar saber lo que piensas.

María Pía

10 comentarios. Dejar nuevo

WOW cuando uno menciona la palabra»belleza» siempre se relaciona con vanidad y por que no con materialismo, yo también me llevo está frase a mi corazón «cuidar de la belleza es un acto de amor al prójimo». A ponerlo en práctica 😊

María Pía Moreno Vásquez
29 junio, 2020 6:25 PM

Querida Brenda,

Sistemáticamente por años se ha ido deformando la belleza. Deformando y distocionando.
Basta ver las series de TV, el teor de las películas, las letras de las canciones pupulares (pop) actuales,etc.; Todo esto ha ido distorcionando nuestra realidad y por consiguiente nuestro imaginario: pasando a aceptar aquello que deberíamos aberrar y a distanciarnos de aquello que deberíamos acercarnos.

Depende de cada uno juntarse a lo bello, anhelar lo bello y nutrirse de lo bello.

Te mando un abrazo y gracias por tu comentario!

Me encanto!! Aunq aveces es dificil , pero se intentara

María Pía Moreno Vásquez
29 junio, 2020 6:27 PM

Nada que valga la pena es fácil.
La propia frase «valer la pena», que valga una pena nuestra, un sacrificio, una entrega; sabiamente nos lo dice.

Pero, es eso: hacer. Cada día hacer lo mejor y lo que se puede. Y, a partir de allí, ser consistente en lo poco que se va haciendo. Cuando te des cuenta, estarás conquistando nuevas virtudes y lo que te parecía difícil se torna un hábito.

Gracias por tu comentario, Carla!

Excelente artículo Pía!!!! Totalmente de acuerdo contigo y que bello arte de amor al prójimo, nos enseñas mucho…. el verte todos los días así de linda y maquillada cambia la perspectiva de lo que oiamos a diario, acaso quien nos dijo que una mujer no se podía ver bonita embarazada y en lactancia, cuando Dios me conceda el milagro de ser madre tendré muy en cuenta tus consejos, ahora ya los aplico porque me encanta el maquillaje, me encanta verme y que me vean bien. Abrazos

María Pía Moreno Vásquez
29 junio, 2020 6:32 PM

Me alegra que que te esté sirviendo este artículo, Mayra!

Al solo cambiar el objetivo del cuidado de la belleza, gana un brillo totalmente diferente. El brillo correcto, diría.

Creo que se trata de dar lo mejor que podemos. Hace poco escuchaba a Samia Marsilo decir que, realmente, cuando conocimos a nuestros esposos no eramos «nosotras mismas». Sino que eramos lo mejor que podíamos ser.

Y eso implica haber escogido una ropa bonita, tratar asuntos interesantes, ser graciosa. No nos presentamos con cualquier ropa ni de cualquier forma porque «así somos».

Creo que con la maternidad sucede algo similar. La maternidad es desafiante, es cansancio, es reencontrarse otra vez; pero no es motivo para dar lo mejor de una, forzarse (dependiendo de la circunstancia de cada una, claro), a dar lo mejor.

Te mando un abrazo y te tengo en mis intenciones para que, cuando Dios lo quiera según su voluntad, puedas ser co creadora con Él.

Estaba esperando tu post con mucha ilusión! Sin duda, antes no había visto la importancia de potenciar la belleza como un acto de amor al prójimo, incluso creo que en ocasiones había entendido este concepto de lo bello entremezclado sutilmente con la vanidad. Desde el primer día que hablaste sobre esto en Instagram dejaste una semilla en mí, y con lo poco que he comprendido he hecho algunos experimentos y sin lugar a dudas se siente muy bien cuidar de la belleza propia en lo cotidiano entendiéndolo como una donación, los demás lo reconocen y lo hacen saber. Gracias Pía por traer a la mesa temas tan importantes que trascienden en la feminidad, aunque cueste, espero seguir perseverando en esta forma de llevar el amor a la práctica. Un abrazo! 💖

María Pía Moreno Vásquez
29 junio, 2020 6:37 PM

Querida Nela,

Qué lindo leer un comentario tan rico en reflexión como el tuyo!
Como respondía a otra lectora: sistemáticamente y por todos lados: cine, música, TV, etc. Nos han bombardeado presentándonos lo que puede ser bueno para uno, como una prisión y lo que puede ser dañino, como diversión.

El resultado es perder ese hambre por cuidar y buscar lo bello.

Creo que al hacerlo por nuestro prójimo nos exijimos un poco más por justamente el amor que hay impreso en ese objetivo. Creo que cuando lo hacemos solo por una misma, hay días en los que dan ganas de aflojar y una cae. Y así cayendo «fácil», creamos un antecedente y luego sucede por algo más fáicil y así.

Cuando lo hacemos pensando en dar lo mejor al prójimo por amor, nos vamos a esforzar más.

*Es claro que todo esto dependiendo de la circunstancia de cada una.

Te mando un abrazo y gracias por comentar!

Gracias Pía. Porque este mensaje viene tocando a mi puerta desde el nacimiento de mi segunda hija Anna Gabriela. La difícil recuperación de una cesárea de emergencia me llevó a buscar estar saludable, este deseo se convirtió en transformar mis hábitos alimenticios, este cambio radical (porque así fue en mi caso) de hábitos de comida y deporte me llevó a recuperar no sólo mi salud y la estética de mi cuerpo sino que por dentro comprendí profundamente que para amar al otro tienes que amarte a tí mismo. Y eso no es vanidad, el amor pasa por esto, porque cuidandome cultivé el alma poco a poco. Todo esto me ha traído la maternidad y el matrimonio. Con esta cuarentena ha vuelto a resonar este mensaje: verse bien para sentirse bien, no sólo para ti sino porque el otro por ser el prójimo merece convivir con la belleza y armonía que trae el orden. Cuando te compartía que es una lucha, pues lo es, lo ha sido y que bueno porque doblego mis deseos de comodidad y al morir a mi misma puedo darme a los demás sin reparos. Puede sonar contradictorio pero no hay nada mas cierto que el amor no pueda revelar. Y gracias porque no estoy sola en esta construcción de mi ser, sino que Dios tiene sus instrumentos precisos para seguir marcandome el camino que he de seguir. Dios te bendiga.

Gracias Pía, tu post me ayuda a reafirmar lo que he pensado desde hace algún tiempo, por ejemplo a mi me gusta maquillarme y arreglarme para mi, porque al hacer mis cosas estando arreglada hace que me sienta más motivada, generalmente eso lo hacía por intuición pero al leer tu Post entiendo que esta bien.
Te comento que yo vengo de una familia muy tradicional donde las mujeres se maquillaban solo para reunirnos sociales y desde pequeña no entendía el porqué solo debía ser así. Creo que el autocuidado diario es una forma de agradecer a Dios porque nosotros somos su creación. Gracias Pia por esta reflexión.

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